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  3. Obesidad: todo lo que necesitas saber


La obesidad se caracteriza por un exceso de grasa en el cuerpo, lo que se refleja en un aumento de peso. Aunque no todo aumento de peso está relacionado directamente con un aumento del tejido adiposo, en términos médicos, la obesidad se vincula con el peso corporal. Es crucial comprender la obesidad como una enfermedad crónica, similar a la diabetes mellitus o la hipertensión arterial.

Muchas veces, la dificultad para perder peso tiene raíces en factores hereditarios, fisiológicos y del entorno, que se entrelazan con los hábitos alimenticios, la actividad física y las opciones de estilo de vida.

Afortunadamente, incluso una pérdida modesta de peso puede marcar la diferencia en la prevención o mejora de los problemas de salud asociados con la obesidad. Adoptar una alimentación más saludable, aumentar la actividad física y realizar cambios en el comportamiento pueden contribuir a la reducción de peso. Además, existen opciones médicas, como medicamentos y procedimientos especializados, para abordar la obesidad.

Causas

La obesidad se convierte en un riesgo significativo para la salud general, desencadenando y agravando múltiples enfermedades que pueden reducir la esperanza de vida y afectar la calidad de vida de quienes la padecen. Esta condición no solo limita la actividad diaria, sino que también impacta la autoestima, la movilidad, las relaciones sociales, laborales y la vida sexual. La gravedad de la obesidad, la duración de esta condición y la edad de la persona afectada son factores clave que influyen en este proceso.

El índice de masa corporal (IMC) guarda una estrecha relación con el riesgo de complicaciones y mortalidad en personas con obesidad. Las enfermedades asociadas a esta condición pueden convertir la obesidad en una enfermedad en sí misma, lo que lleva al término “obesidad mórbida”.

Factores de riesgo

Influencias genéticas y familiares: La herencia de tus progenitores puede influir en la cantidad y distribución de la grasa corporal que almacenas. Además, la genética desempeña un papel importante en la eficacia del metabolismo de los alimentos, el control del apetito y la quema de calorías durante la actividad física. La obesidad suele ser una condición presente en familias, no solo por la herencia genética, sino también debido a patrones de alimentación y actividad compartidos.

Estilo de vida y hábitos alimenticios: Factores como una dieta poco saludable, rica en calorías y comidas rápidas, sumado al consumo excesivo de bebidas calóricas y la falta de frutas y verduras, contribuyen al aumento de peso. Las calorías líquidas, especialmente las del alcohol, pueden ser ingeridas sin saciedad. La inactividad, incluyendo el tiempo prolongado frente a pantallas, también afecta el equilibrio energético.

Enfermedades y medicamentos: Algunas condiciones médicas como el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing o el síndrome de Prader-Willi, pueden estar asociadas con la obesidad. Además, ciertos medicamentos, como los esteroides, antidepresivos o betabloqueadores, pueden ocasionar aumento de peso sin un equilibrio adecuado a través de la alimentación o actividad física.

Factores sociales y económicos: La obesidad puede estar vinculada a factores económicos y sociales. La falta de espacios seguros para la actividad física, la falta de acceso a alimentos saludables y la influencia de amigos o familiares obesos pueden contribuir a esta condición.

Edad y otros elementos: A medida que envejecemos, los cambios hormonales y un estilo de vida menos activo aumentan el riesgo de obesidad. La disminución de la masa muscular y el metabolismo con la edad, junto con otros factores como el embarazo, dejar de fumar, falta de sueño, estrés y la composición del microbioma intestinal, pueden contribuir al aumento de peso o la dificultad para perderlo.


Tener uno o varios de estos factores de riesgo no predice inevitablemente la obesidad. La mayoría de estos riesgos se pueden contrarrestar con cambios en la alimentación, actividad física y ejercicio regular. Además de adoptar un estilo de vida más saludable, existen opciones como ajustes en la conducta, medicamentos específicos y procedimientos diseñados para abordar la obesidad.

Consecuencias

La obesidad está vinculada a una serie de problemas de salud significativos que afectan a quienes la padecen:

Enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares: Aumenta el riesgo de presión arterial alta y niveles de colesterol poco saludables, incrementando la probabilidad de sufrir enfermedades cardíacas y derrames cerebrales.

Diabetes tipo 2: Impacta la forma en que el cuerpo utiliza la insulina, elevando el riesgo de resistencia a la insulina y de desarrollar diabetes.

Ciertos tipos de cáncer: Puede aumentar la probabilidad de padecer varios tipos de cáncer, como el de útero, cuello del útero, endometrio, ovarios, mama, colon, recto, esófago, hígado, vesícula, páncreas, riñón y próstata.

Problemas digestivos: Incrementa la posibilidad de sufrir acidez estomacal, enfermedad de la vesícula biliar y problemas hepáticos.

Apnea del sueño: Aumenta la predisposición a la apnea del sueño, un trastorno donde la respiración se interrumpe y reanuda repetidamente durante el descanso.

Osteoartritis: Eleva la presión en las articulaciones que soportan el peso corporal, provocando inflamación y posibles complicaciones como la osteoartritis.

Enfermedad del hígado graso: Aumenta el riesgo de padecer enfermedad del hígado graso, generada por el exceso de depósitos de grasa en el hígado, que en casos graves puede derivar en cirrosis.

Síntomas graves de la COVID-19: Incrementa la susceptibilidad a sufrir síntomas graves si se contrae el virus, lo que puede requerir atención médica intensiva o asistencia respiratoria.

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