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  3. Dieta baja en FODMAPs: todo lo que necesitas saber

Últimamente, ha aumentado el interés por entender qué son los FODMAPs y en qué comidas se hallan, especialmente entre aquellos con trastornos digestivos funcionales como el síndrome del intestino irritable (SII). También, hay interés en personas con desequilibrios en la microbiota intestinal, como el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO) o de arqueas (IMO), ya que en muchos casos son los culpables principales de los síntomas gastrointestinales. En este artículo les enseñaremos en qué consisten la Dieta baja en FODMAPs

¿Qué son los FODMAPs y por qué desencadenan síntomas?

Los FODMAPs son hidratos de carbono que se fermentan en el colon debido a la microbiota intestinal. El acrónimo FODMAP se definió en 2011, designando “Fermentable Oligosaccharides, disaccharides, monosaccharides and polyols”, en español: oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables.

Oligosacáridos: Los fructanos y galactanos son polímeros de fructosa y galactosa, respectivamente. Por carecer de enzimas para digerirlos, llegan intactos al colon y son fermentados por las bacterias intestinales.

Son excelentes prebióticos al alimentar directamente la microbiota. En personas con hipersensibilidad visceral, pueden causar dolor e hinchazón abdominal.

Una buena dieta:

Es una dieta terapéutica para reducir síntomas. Tiene 3 fases:

  1. Restricción de alimentos ricos en FODMAPs (fructanos, galactanos, lactosa, fructosa, polioles) por 4-6 semanas, complementada con vitaminas y minerales.
  2. Reintroducción controlada de alimentos retirados para detectar qué FODMAP causa molestias, puede durar 2-6 meses.
  3. Mantenimiento, donde se restringe solo el FODMAP desencadenante de síntomas.

Durante el tratamiento, se pueden tomar fármacos y probióticos bajo supervisión médica.

¿Qué ocurre con el gluten? ¿Debe eliminarse también? El gluten no es un carbohidrato, por lo que no pertenece a la categoría de los FODMAPs. Es una proteína compleja compuesta por prolaminas y gluteninas. Generalmente, no es necesario eliminarlo, excepto en casos de enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten no celíaca o algunas enfermedades autoinmunes como la tiroiditis de Hashimoto.

Alimentos con gluten y bajos en fructanos, permitidos en esta dietoterapia, son el pan de espelta de fermentación lenta con masa madre y el seitán de trigo.

Riesgos de la dieta baja en FODMAPs y la importancia de adaptar el tratamiento

En conclusión

La dieta baja en FODMAPs, al ser restrictiva, puede conllevar riesgos si se mantiene a largo plazo sin supervisión adecuada de un dietista-nutricionista. Esto podría resultar en carencias nutricionales, especialmente de vitaminas y minerales.

Además, al restringir ciertos sustratos prebióticos como los galactanos y fructanos, la diversidad y cantidad de la flora intestinal podrían disminuir, lo que, a largo plazo, puede desencadenar problemas más allá de la digestión, como enfermedades autoinmunes, síndrome metabólico, migrañas o dolores musculares, entre otros.

El éxito del tratamiento con dieta baja en FODMAPs radica en su adaptación a la situación y antecedentes clínicos del individuo. Es crucial asegurar la ingesta adecuada de energía, proteínas y micronutrientes para evitar el deterioro nutricional. Ofrecer otros sustratos prebióticos y variedad en la alimentación durante el tratamiento es esencial para mantener la salud intestinal. Por ello, el asesoramiento de un dietista-nutricionista resulta imprescindible para garantizar la adherencia, evitar carencias y hacer que la dieta sea más variada y equilibrada.

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